Lo que inicialmente fue reportado como un voraz incendio estructural en las cercanías de la antigua estación de trenes de Cartagena, terminó por develar un escenario de crueldad absoluta.
Durante la madrugada de ayer, en la calle Capitán Juan, un grupo de sujetos atacó una vivienda del sector.
Según los antecedentes preliminares, los individuos no solo forzaron su entrada al inmueble, sino que maniataron a sus ocupantes, sometiéndolos a una violencia física antes de iniciar el fuego que consumiría la propiedad.
En el interior se encontraba Sandra Isabel Sepúlveda Donoso, de 73 años, quien no logró escapar de las llamas.
Su cuerpo fue hallado calcinado entre los escombros una vez que los bomberos de la Segunda Compañía lograron controlar el siniestro.
Junto a ella, un hombre de 60 años y su hijo de 30 resultaron con quemaduras de gravedad al intentar sobrevivir al ataque.
Mientras uno de ellos lucha por su vida en la Posta Central de Santiago debido a la magnitud de sus lesiones, el otro permanece bajo observación en el hospital Claudio Vicuña.
La investigación, que inicialmente apuntaba a un siniestro accidental, dio un vuelco drástico tras las primeras pericias.
El fiscal Andrés Gallardo ha instruido a la Brigada de Homicidios de la PDI para determinar la dinámica exacta de los hechos, bajo la fuerte sospecha de un femicidio e incendio intencional.
La comunidad de Cartagena y San Antonio observa con estupor cómo un sector residencial se transformó, en cuestión de minutos, en el sitio de un crimen que destaca por su ensañamiento contra una mujer adulta mayor.
Este caso trasciende la delincuencia común para entrar en la categoría de crimen de odio o violencia de género extrema.
La premeditación de maniatar a las víctimas antes de incendiar el lugar sugiere una intención no solo de robar o destruir, sino de eliminar cualquier posibilidad de defensa.
El éxito de la investigación dependerá ahora de los peritajes biológicos en el sitio del suceso y del testimonio de los sobrevivientes, quienes son los únicos testigos directos de la identidad de los atacantes que convirtieron un hogar en una trampa mortal.
La comunidad de Cartagena se encuentra impactada por este cruel hecho de sangre.